En muchas ocasiones la forma de un objeto nos dice mucho sobre su función. Nos hemos acostumbrado a lo largo de años a asociar ciertas formas a determinados usos para el objeto en cuestión. Esto no siempre tiene porqué ser así. De hecho a veces esas mismas formas presentan limitaciones para las funciones, pero los procesos de fabricación actuales se limitan a cambiarlas en la fase de diseño para luego quedarse con las formas.
Ahora imagina lo interesante que sería tener superficies que pudieran adoptar diferentes formas y cambiar entre ellas según nuestras necesidades. A día de hoy esto es poco más que un sueño, pero quizás en un futuro podremos tener algo tan sofisticado en los lugares más cotidianos, como por ejemplo la cocina de casa.
De hecho esto precisamente es lo que tiene en mente Michaël Harboun, un estudiante de diseñi del Strate College al diseñar el proyecto de la cocina viviente. En su visión los objetos más cotidianos abandonan la forma fija gracias a la magia de la nanotecnología y con una serie de gestos sencillos podemos crear superficies para fines concretos que después abandonan la forma para no ocupar espacio.
¿Suena demasiado complicado? Échale un vistazo al vídeo y verás un ejemplo aplicado a la hora de llevar a cabo algo tan cotidiano como preparar un plato de pasta.
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